martes, 31 de julio de 2007


Regresa Agosto puntual como siempre y, con su llegada, me marcho de campamento por lo que estaré 15 días, seguramente, sin actualizar el blog.
Voy sin conocer a nadie de antes por primera vez por lo que me encuentro bastante nervioso, pero con un poco de suerte conseguiré que sea espectacular y olvidable, que ya tengo demasiadas cosas inolvidables creo yo.
Os echaré a todos mucho de menos, que me estáis regalando un verano muy feliz con vuestra presencia :)

Voy a destrozar tu recuerdo en pedacitos de papel.
Luego voy a soplar sobre ellos para que se confundan
con el cielo.
Y tengo que dejar de hacer estupideces cuando salgo
a pasear...
Tengo que llevar paraguas cuando llueve y no saltar
en cada charco, como cuando estabas tu...
Si supieras cuanto tiempo gasto al día para no pensar en ti.
Si supieras cuanto daño me hace tu sonrisa en mi cabeza.
Y ahora que se que no interesan tus caricias,
cómo pude demostrarle a tu ironía que mi vida
sin tus huesos era infierno.
Y yo aun estoy colgada de aquel día que miraste
atrás, y luego tu sin un quiebro en tu voz sin
un quiebro en tu voz me dijiste adiós, adiós...
Si supieras cuanto tiempo gasto al día para no pensar en ti.
Si supieras cuanto daño me hace tu sonrisa en mi cabeza.
Todavía gasto el tiempo tratando de inventar
la manera de quitarle el polvo a la oscuridad.
Si supieras cuanto tiempo gasto al día para no pensar en ti
Si supieras cuanto daño me hace tu sonrisa en mi cabeza

Mrao mraeosi

Posted by Esteban at 15:46

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viernes, 27 de julio de 2007


Los zapatos oscuros de Ezer rompían el silencio al golpear el empedrado suelo a cada zancada del muchacho. Su rostro pálido y redondo ahora se tornaba rojizo y sofocado, acompañado de una mirada llena de infantil miedo; su claro cabello, antes bien peinado, se encontraba revuelto por culpa del viento y por los bruscos movimientos que hacía al correr; lo único que todavía indicaba que pertenecía a una familia adinerada era su vestimenta que se mantenía intacta e impecable.
Corría atravesando las calles sin rumbo fijo, su única intención era alejarse, irse a un lugar en el que su familia no lo pudiese encontrar. Todo ello era porque, esa noche, el practicante llegaría a su casa para pincharle, como ya había hecho veces atrás, y él se había negado por completo a volver a sufrir aquel punzante dolor que producía el metal al penetrar en su carne. Sabía que le castigarían duramente, pero en ese momento el pánico había vencido a la razón.
Ya empezaba a anochecer, Ezer supuso que ya se encontraba muy lejos, puesto que los altos edificios se habían quedado atrás hace tiempo para ceder el paisaje a grandes campos verdes y a alguna que otra casa hortelana. En ese momento, empezó a darse cuenta de lo que había hecho, se había alejado demasiado, tanto, que no sabía como regresar.
Desolado, decidió que lo mejor era pedirle ayuda a algún adulto y no quedarse llorando en la calle como haría un bebé, que ya estaba harto que le tratasen como si fuera más pequeño de lo que era sólo por ser un niño miedoso; pero él sabía que, al verlo tan bien vestido, cualquier labrador pediría a sus padres una generosa recompensa por llevarlo con ellos, por lo que debía encontrar a alguien que tuviese el suficiente dinero como para no aprovecharse de la situación.
Se fijo en las casas más cercanas en busca de alguna con apariencia más lujosa, al final en lo alto de una colina encontró lo que deseaba cuando vio una imponente mansión victoriana. Abandonó el camino de piedras y se adentró en la alta hierba para llegar antes hasta ella. Avanzaba a paso lento, la pendiente le dificultaba todavía más las cosas y, aún por encima, soplaba un frío viento que le calaba hasta los huesos y producía silbidos fantasmagóricos al deslizarse entre las copas deshojadas de los árboles.
Por fin llegó a lo alto de aquel montículo, no se detuvo apenas un segundo para fijarse en la majestuosa casa y fue directo, ya más animado, hasta las grandes escaleras de mármol blanco que se derramaban desde el gran portalón de madera de roble. Subió inquieto por aquella pétrea cascada, mientras intentaba calmarse a si mismo diciéndose que pronto vería desaparecer en el horizonte todo aquello, mientras se alejaba tranquilo en el confortable asiento del bentley azul marino de su padre.
Al llegar a la puerta principal, no vio ningún timbre eléctrico, por lo que alargó su brazo para agarrar el llamador de oro macizo con la típica forma de mano, pero antes de golpearlo con fuerza contra la robusta madera, un grito de mujer proveniente de dentro lo detuvo en el acto.
Ezer conmocionado abrió bien los ojos, respiro lentamente y afinó los oídos, tratando de no hacer ruido alguno para no ser descubierto, y así poder escuchar mejor cualquier sonido producido en el interior de la casa. Unos segundos después, consiguió percibir otro grito, esta vez más ahogado, que parecía que venía del sótano.
Su cabeza se vio atacada por dos ideas opuestas, una de investigar que era lo que pasaba y otra de marcharse corriendo, la curiosidad y el miedo iniciaron una rápida contienda y que, para su sorpresa, esta vez salió victoriosa la siempre vencida por el pavor, la curiosidad.
Se giró sobre si mismo para, acto seguido, bajar lo más rápido que sus piernas le permitieron la elegante escalera. Corrió, olvidando su cansancio gracias a la emoción que le envolvía, y bordeó la casa en busca de alguna posible ventana a ras de suelo que pudiese tener la estancia subterránea de la cual provenían aquellos agónicos gritos.
En el primer lateral que revisó halló lo que buscaba, pero ya era tener demasiada suerte puesto que cuando se agachó en la hierba para mirar a través de ella, observó con desilusión su cara reflejada, ya que alguien había colocado un espejo dentro que impedía ver lo que ocurría en la habitación.
Sin pararse a perder más tiempo, se apresuró a bordear la mansión. Cuando había recorrido todo el perímetro de la vivienda, no sabía ya que hacer; había encontrado tres ventanas más como la que había visto, pero todas ellas tapadas por una lamina de espejo, que lo único que le permitieron ver fueron sus rasgos saturados de decepción una vez tras otra.
Estaba empezando a oscurecer y como no había más casas ricas en los alrededores, decidió buscar un sitio donde pasar la noche. Ya después de haber estado tanto tiempo en los terrenos de la lujosa casa, sin que nadie saliese de ella para llamarle la atención que sería lo normal, optó por quedarse en ellos y acurrucarse debajo de unas grandes hortensias, que le ocultarían y le protegerían un poco a lo largo de la noche.
Quizás por el sumo cansancio que experimentaba por todo el cuerpo o quizás porque quería olvidarse de la aterradora realidad, pero por una cosa o por otra, el caso fue que Ezer se zambulló en el mundo de los sueños unos minutos después de haberse agazapado en su escondrijo.
Unas horas más tarde, en medio de la oscuridad, el ulular de un cernícalo lo despertaba sobresaltado. Ya no se acordaba de lo que había pasado, poco a poco fue recordando la amarga situación en la que se encontraba. Sin querer desperezarse, se giró sobre su cuerpo, dejando su cabeza en dirección a la gran vivienda. Abrió de nuevo los ojos para contemplar, antes de volver a dormirse, aquella misteriosa mansión. Los cerró de nuevo tranquilo, aún asimilando la imagen que había visto, para volverlos a abrir de inmediato. Había visto bien, por las pequeñas ventanas que había inspeccionado a la tarde, ahora se escapaban grandes haces de luz. La excitación se apoderó de su cuerpo de la misma forma que lo hubiese hecho una gran descarga eléctrica, sabía lo que significaba que la luz del cuarto se escapase a través de los espejos hacia la penumbra del exterior.

Posted by Esteban at 4:24

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jueves, 26 de julio de 2007




Y esta vez no me equivoco, el blanco gana al verde; sin embargo desearía estar de nuevo equivocándome y avergonzándome de lo exagerado que soy, mientras me baña esa luz que eclipsa al sol.
Me gustaría montarme en esa fantástica montaña rusa que me hacía gritar de miedo y emoción en las bajadas; me demostraba la facilidad con que las cosas pierden y ganan sentido, en sus loopings; y me hacía sentirme el rey del mundo en lo alto del cielo.
Ahora ya no hay subidas, ni loopings ni bajadas, camino por el aburrido suelo llano buscando por el día dientes de león para pedirles a todos el mismo deseo y por la noche luciérnagas que desgraciadamente se niegan a compartir su luz conmigo.
Es complicado olvidar que caminas al caminar, ríes, sonríes, gritas, lloras, juegas, lees, nadas, saltas, arañas, piensas; pero ya nada es igual y solo queda silbar con fuerza como en aquel sueño en el que así las ilusione se podían salvar, pero nadie escucha y de nada sirve ya.
No queda otra, ya no se puede volar, habrá que gastar el tiempo en andar espoleado por la fuerza normal.
Ya no amanece como antes, el sol ha perdido parte de su luz. Solo es una inmensa esfera de fuego y violentas explosiones ¿Cómo iba a poder ayudarme?
Y solo queda andar por andar, por no poder dormir una eternidad; con el sueño de que el Sol recupere su brillo escondido detrás de mi sonrisa, espero de nuevo.

Somos dos.
¿Para que queremos más?
-Pensamos, antes de matarnos

Íbamos hacia el cielo y al compás
Sabrá dios que pudo soltarnos
O soltarnos

Ardió el colchón
Donde tu y yo
Mojamos nuestros flacos huesos secos
Tiritando y un amor tan prieto y dulce
Como no pensé que habría algo tan dulce en tu voz

Y esto es solo una aproximación
Solo una aproximación
Solo una aproximación
Y esto es solo una aproximación
Solo una aproximación
Solo una aproximación

Quiérenos, al destino, quiérenos
Déjanos, antes de acostarnos
Júntanos, al camino, júntanos
Otra vez, antes de matarnos.

Ardió el colchón donde tú y yo
Empapamos nuestros flacos huesos secos
Tiritando y un amor tan prieto y dulce
Como no pensé que habría algo tan dulce en tu voz

Posted by Esteban at 4:51

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jueves, 19 de julio de 2007


Esmea se sumergió en el agua fría con un grácil movimiento, sus bellos cabellos surcaban su espalda como un oscuro río mientras que avanzaba rápido como una sirena bajo la superficie del mar. A unos pocos metros de distancia de Ierdo, apareció de nuevo su bronceado cuerpo por encima de las bajas olas adornado con gotas que reflejaban la tenue luz de la luna.
Ierdo le sonrió sin poder evitarlo y desapareció bajo las aguas para aparecer segundos más tarde al lado de su amiga. Ya en frente de ella, sus manos se movieron solas deslizándose tímidas desde el cuello asta la cintura de aquella estilizada figura. Esmea dirigió hacia él una mirada cargada de ternura y, dando el efecto de ser esta la causa, se levantó en ese instante una brisa suave que envolvió a ambos en la fragancia del mar y de la noche.
Se quedaron mirándose a los ojos, rebosaban felicidad y nerviosismo, sus cabezas se acercaron lentamente, casi sentían los suaves labios del otro cuando una ola los envolvió y los tiró al suelo.
Cualquier observador inexperto hubiese dicho que aquella masa de agua había roto toda la belleza y la magia del momento, puesto que ahora se encontraban tumbados a la orilla del mar, llenos de arena y desorientados; pero para ellos no había cambiado nada.
Se levantaron entre risas y se limpiaron con agua las arenas, ninguno se atrevía a decir nada.
Ierdo sonriente bajó de forma oblicua su brazo mientras hacía una especie de reverencia ofreciéndole su mano, Esmea la aceptó sonrojada y dejando escapar una dulce risa. Caminaron por la orilla, notando el agua ir y venir en sus pies, oliendo el relajante aroma a mar, andaban callados escuchando el ruido de las olas al batir contra la playa, pensaban y a la vez eran incapaces de saber en que, era un silencio estupendo.
Subieron por una gran roca que se adentraba en el agua, Ierdo que conocía ese peñasco como las palmas de sus manos de tanto jugar en el de pequeño, la guiaba indicándole con sus pasos dónde debía pisar. Llegaron hasta el final, en él parecía haber dos asientos esculpidos en la superficie rocosa, se sentaron despacio y dejaron sus piernas colgando en el aire.
-Esto no puede ser real- dejó escapar con una voz llena de fascinación Ierdo y reuniendo acopio de todo su valor soltó- Si te soy sincero, he sido incapaz de olvidarte en todos estos años. No espero que al decir esto tú digas lo mismo respecto a mí. Pero es lo que tenía en la cabeza y tenía que decirlo, ya sabes lo que digo siempre, las cosas buenas que sentimos no tendrían que guardarse como si nunca hubiesen existido…
-Si, ya se – aclaró Esmea acompañando las palabras con una sincera sonrisa cargada de nostalgia – También sabes lo que me cuesta quitarme esa coraza invisible que rodea mi corazón, pero una vez más lo has conseguido y ya no me cuesta tanto admitir que yo tampoco he dejado de pensar en ti.
Se quedaron los dos callados, escalofríos y hormigueos recorrieron sus cuerpos mientras que el ruido del imponente mar se oía ahora como un murmullo lejano, tapado por el sonido fuerte y rápido de los latidos de ambos.
-Pero…-las palabras no quisieron salir de la boca del chico- yo pensaba que tu habías conseguidos pasar página
-Nunca te he olvidado, si sabes que me encantas, ¿Cómo iba a olvidar a mi genio loco?- dijo Esmea mientras apoyaba su mano con delicadeza sobre la de Ierdo y jugaba con sus dedos.
- ¿Cómo te iba a olvidar yo a ti, a mi sabia sirena? Es que sin ti, no se que soy… Dios esto me parece un sueño, es demasiado bueno para ser cierto…
-Pues no lo es y no sabes cuanto me alegro de ello- afirmo Esmea rebosante de felicidad mientras que sus ojos inmóviles brillaban con amor.
Ierdo no pudo esperar más, con un suave movimiento acercó su cabeza a la de ella, al menor contacto reconoció ese sabor en sus labios al que tanto había añorado.
Se fundieron en un dulce beso, mientras que se abrazaban con fuerza para que nada ni nadie los pudiese volver a separar. Estaban tan cerca física como psicológicamente que ya no sabían donde acababa uno y empezaba otro, esto hacía correr por sus venas una gran corriente de felicidad. Ya nada malo podría pasar, para ellos todo era perfecto tal y como estaba y sabían que, juntos por fin, ya nada los podría alejar al uno del otro.
Esmea desató de su cuello el collar de caracolas que llevaba y lo dejó caer en la mano de Ierdo.
-Es tuyo, las recogí solo para ti; pero al final no pude dártelo en su momento.

De repente, Ierdo no pudo ver nada, solo había oscuridad. Por un momento, pensó que se iba a desmayar; pero desgraciadamente lo que sucedía era que estaba despierto, solo había sido un sueño. Lo único que hizo fue llorar de dolor, mientras que se giraba sobre si mismo, dejando así su rostro y sus lágrimas ocultos por la almoada.

Posted by Esteban at 14:40

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miércoles, 18 de julio de 2007



Bueno aquí va mi segunda entrada, que si, ya es mucho más fácil que la primera. Puedo tener mil errores al escribir, pero bueno nadie nace aprendido y no me gustaría verme como una de esas personas que no hacen nada por miedo a fracasar.
Hoy ha sido un día extraño en mi vida, pero solo porque estuve yo raro emocionalmente; que por lo demás genial.
Ahora dejo aquí este relato,que no tengo ni idea de que tal salió:

Una mujer cargada con un maletín de herramientas llamó a la puerta. Era alta y delgada, con una larga melena recogida en una coleta, su rostro afilado demostraba seguridad y vestía un uniforme azul impecable. Pulsó el timbre otra vez más, se escuchaba en el interior el ruido de un televisor por lo que no desistía a marcharse sin más.
Al cabo de un rato se movió la maciza puerta de cedro, dejando un resquicio por el que asomo su cabeza un canoso anciano. Acto seguido, al leer en un pedazo de papel la palabra fontanero, vio que era la persona a la que esperaba; el octogenario abrió la puerta por completo y con un gesto con la mano acompañado de un pase que pronunció con un hilillo de voz, hizo entender a la muchacha que entrase.
-Perdón, por tardar en abrir. A estas alturas, en cuanto uno se da cuenta, ya esta dormido con la cabeza apoyada en la mesa.- se disculpo franco, mientras andaba ayudado por su bastón de cabeza de gaviota hacia el cuarto de baño.- Ahí es, lo intentó arreglar mi hijo, pero quedó completamente desconcertado. La cosa es que cuando abro el grifo de agua fría, ves, todo va bien; pero cuando abro el del agua caliente el suelo se encharca y eso que los dos vierten al mismo desagüe.
El rostro de la mujer se arrugo extrañado.
-Es raro, si. Déjeme echarle un vistazo.
Se agachó en el suele en frente de la tubería que perdía solo el agua caliente. Abrió el maletín que tenía a su lado, con la intención de encontrar algo para ver el problema desde dentro, lo intentó primero con la llave inglesa y al ver tras duros esfuerzos que era inútil, cogió el cortatubos y cortó una sección de aquel conducto.
El anciano miraba con curiosidad a unos pasos a la derecha de esta, ella tenía un rostro tan firme que le reconfortaba y le hacía creer que tenía gran experiencia en la materia.
La fontanera abrió primero el grifo de agua fría y vio como el agua caía recta, ya que la tubería era perpendicular al suelo, y casi no salía por fuera, aun faltándole una porción considerable de tubo. Ahora tocaba accionar el del agua caliente, giro la manilla y esta vez la sorpresa si que se plasmó en su rostro, el agua escapaba por la sección cortada ignorando la fuerza de la gravedad para quedarse en el suelo.
-Esto es rarísimo el agua caliente por alguna extraña razón se niega a marcharse por el desagüe, en cambio el agua fría se marcha sin la menor resistencia.- declaró su confusión la desconcertada trabajadora.
- ¿quién es usted? ¿Y qué hace en mi cuarto de baño?- grito asustado el anciano a la vez que retrocedía unos pasos.
- Soy la fontanera, usted me abrió la puerta- explicó mientras que comprendía que el anciano debía sufrir algún tipo de enfermedad neurodegenerativa y se preguntaba como podía haberle parecido tan lúcido antes.- ¿no lo recuerda?
- No, no recuerdo haber hecho eso. Los recuerdos son curiosos, si muy curiosos, algunos se niegan a marcharse por mucho que uno pueda desear y en cambio otros se van por el desagüe sin oponer resistencia alguna...

Posted by Esteban at 14:45

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martes, 17 de julio de 2007




Aquí estoy, escribiendo mi primera entrada en un blog. No estoy muy seguro de que poner porque, después de estar habituado a un sencillo metroflog y ahora pasar a esto, uno se siente un poco intimidado por la diferencia de complejidad; pero, aún así, espero que sea cosa de esta primera entrada y que luego ya hable, sin vergüenza alguna, de mil temas diferentes o escriba algún que otro relato, que creo que ahora estoy empezando a coger el gustillo a esto de escribirlos.
La foto de arriba, como todos sabréis, es la aurora boreal. A mi personalmente me encantaría verla en vivo y en directo; por si desconocéis porque se produce, os diré que es el resultado de el choque de partículas eléctricamente cargadas, que son transportadas por el viento solar, y átomos de gases que se encuentran en la atmósfera. Solo se produce en los polos porque el campo magnético terrestre, que nos defiende de la lluvia radioactiva que genera el Sol, permite pasar en ellos más partículas cargadas. En está imagen, en concreto, esas partículas están golpeando átomos de oxígeno por lo que se produce un color amarillo verdoso, en el caso que golpeasen átomos de hidrógeno se vería un color azulado.
Y bueno ya me despido, que sigo con la creatividad por los suelos.

Los aviones no pueden volar,
pero ellos no lo saben, no lo saben.
Se balancean en la aurora boreal
o se deslizan encima de las nubes.
No hay nada imposible si tu lo deseas,
podemos ser felices aunque no lo creas.
Quiero verte bailar, oh chico, chica
quiero verte volar.

Posted by Esteban at 6:34

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