jueves, 23 de agosto de 2007


He aprendido a viajar adelante y atrás sobre el tiempo sin necesidad de materia exótica, sin utilizar una ergosfera, sin un transporte de velocidad superlumínica, sin crear una ruptura en el tejido espacio tiempo, sin preocuparme por la conjetura de la protección cronológica… es decir, sin ninguna complicación.

Viajar hacia delante nunca había sido algo complicado, puesto que siempre avanzamos, por mucho que queramos resistirnos, la corriente siempre nos arrastra junto con todo lo demás. Yo lo que quería era retroceder sobre mis pasos, así que centré inútilmente todo mi tiempo en buscar la forma de cómo podría volver atrás en el tiempo, hasta que lo di por imposible.
Todo cambió la noche del 2 de Agosto, cuando de madrugada me desperté sobresaltado al escuchar un grito. Para mi sorpresa, era yo quien estaba gritando, ya consciente de ello detuve el sonido. Por suerte, no había despertado a ninguno de mis compañeros de habitación. Mientras que mis ojos se acostumbraban a la penumbra y empezaban a captar las distintas formas que habitaban el cuarto, intenté recordar en que estaba soñando para así saber que me había afectado tanto como para haber pronunciado aquel agónico chillido.
Igual que los pálidos rayos lunares se filtraban por las rendijas de la persiana, el recuerdo de lo que había soñado fue emanando por las grietas del imperceptible muro que separaba en mi mente mi parte consciente de mi parte subconsciente.
Al fin, tuve el sueño completo en mi cabeza y supe que había estado soñando con aquella noche cargada de dolor. Había vuelto a vivir la desolación en todo mi ser, había apoyado mi cara llena de lágrimas en aquel amistoso hombro exactamente de la misma forma y había producido de nuevo aquel grito saturado de sufrimiento en cada uno de sus armónicos. Todo idéntico a la última vez.
Deseché esas perturbadoras imágenes de mi cabeza, haber vuelto a sentir todo eso había trastocado mi ánimo; pero de repente me di cuenta de todo, me sentí como si todo el tiempo hubiese tenido una venda puesta sobre mis ojos, si había vuelto a vivir aquella noche, el pasado se había cruzado con el presente dejando su fría huella en mi, que en este caso era tristeza. ¿Había realmente viajado al pasado?
Para solventar mis dudas, me concentré en localizar el recuerdo más feliz y nítido que encontré, viajé días atrás y reproduje lo mejor que pude esa realidad: el aroma cambiante, la brisa en mi piel, la felicidad que me hacía temblar y sentir en mi cuerpo hormigueos y escalofríos, mi voz entrecortada, los pensamientos que invadían mi cabeza… Reproduje hasta el más mínimo detalle o sensación, hasta creer que estaba allí realmente y olvidar el verdadero presente, ese era mi presente ahora. No podía alterar nada, todo sucedía como había sucedido en su momento; pero a mi eso no me importaba, puesto que ya había olvidado que eso ya había pasado.
Abrí los ojos, me encontraba de nuevo tumbado en la cama, me sentía estupendamente e irradiaba felicidad hacia la oscuridad con la más alegre de mis sonrisas. El pasado se había convertido en presente, el presente se había olvidado porque se transformó en un todavía desconocido futuro y ahora que había vuelto al verdadero presente y el pasado volvía a ser pasado; no todo se había esfumado, porque en mi seguía latiendo una alegría incontrolada. Esa era la prueba de mi viaje porque nada en ese espacio ni en ese tiempo en el que me encontraba teóricamente atrapado, es decir, en esa noche y en ese cuarto podría haberme causado tal felicidad.
Cerré los ojos sonriendo una vez más, orgulloso de haber encontrado la forma de viajar al pasado y una fuente inagotable de fuerza y felicidad a la que siempre podría acceder.

Posted by Esteban at 7:49

1 destello(s) de luciérnaga