domingo, 30 de septiembre de 2007


No sé si me olvidarás,
Ni si es amor este miedo:
Yo sólo sé que te vas.
Yo sólo sé que me quedo.
¡Qué largo camino anduve
para llegar hasta ti
y que remota te vi
cuando junto a mi te tuve!
Estrella, celaje, nube,
ave de pluma fugaz
ahora que estoy donde estás
te deshaces sombra helada:
yo no quiero saber nada;
yo sólo se que te vas.
¡Adiós! En la noche inmensa
y en las alas del viento blando
veré tu barca bogando,
la vela impoluta y tensa.
Herida el alma y suspensa
Te seguiré, si es que puedo;
y auque iluso me concedo
la esperanza de alcanzarte,
ante esa vela que parte,
yo sólo sé que me quedo.

Nicolás Guillén

Posted by Esteban at 4:10

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miércoles, 26 de septiembre de 2007



-Ojalá no pasase el tiempo y quedásemos eternamente aquí, bajo el manzano, abrazados- deseó en alto Rosa con la voz llena de ternura.

Desgraciadamente el tiempo no se detuvo aquel día verano y el día 2 llegó a la vida de Ángel y Rosa. Ese día, Ángel celebraba que habían pasado diecisiete años de su llegada este mundo. Su familia y amigos se alegraban como todos las veces anteriores, pero en ese año, en cambio, era el día más triste de la vida de estos enamorados.
Esa tarde habían quedado a las cinco debajo del manzano como de costumbre, debajo de aquel manzano que les había visto crecer juntos y ahora los vería separarse.

Rosa aguardaba nerviosa a su amado, moviéndose de un lado a otro y cogiendo alguna que otra flor, que acabaría maravillándola con su agradable olor y su sutil belleza. Los segundos parecían horas, mientras que Ángel seguía sin aparecer, al menos le tranquilizaba saber que él siempre se retrasaba.
Al final lo vio acercarse, con su forma de andar única, que ya conocía con precisión y exactitud después de tantos años.

-Hola, veo que has venido- dijo acompañado de un intento no logrado de sonrisa.

-¿Cómo no iba a venir? Sabes que eres la persona más importante de mi vida...

-De eso quería hablarte yo- la interrumpió sin dejarla acabar- Como bien sabemos, he cumplido los diecisiete y tendré que echar a volar y abandonar el nido, lo quiera o no.

-Ya, es horrible que nos vayamos a ver tan poco. Pero me queda el consuelo de llevarte en mi corazón y saber que estés donde estés y pase lo que te pase, tú me llevarás a mi en el tuyo.- la voz de Rosa se llenó de cariño y recuerdos al decir esto.

-Rosa, mi pequeña flor, sabes que te amo y que por ti daría todo, porque no hay nada ni nadie que valga lo que tú. Pero pienso que no podrá seguir viviendo esta relación que nos hace ser 2 y no uno, como el resto de los mortales.

Así de claro era Ángel y cuando quería decir algo, solía soltarlo pronto y no darle más vueltas.

-Pero...- las palabras se rompieron en el aire antes de salir de su boca y, en su lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas que brillaban a la luz del sol, como faros irradiantes de tristeza- Nos prometimos amor eterno, me prometiste cruzar el mundo con tu compañía... ¡Me lo prometiste!

-No me hagas esto más complicado, por Dios, si sabes que yo tampoco quiero; pero mi cabeza me dice que es lo más lógico.- Intentó, ya hundido por el peso de la situación, justificarse.

-¿Lógica? ¿ Me hablas ahora de lógica?- gritó Rosa con toda su voz, mientras las lágrimas vencían sus párpados, incapaces ahora estos de retener esa marea.- La lógica no tiene palabra aquí, el amor la sobrepasa y la deja fuera de juego. Según la lógica, si puedo elegir salvarme fácilmente o morir intentando salvarte, elegiría la primera opción y una vez más se habría equivocado. Cuando hay amor, el resto de las cosas pierden su poder y sentido.

-Solo intento pensar las cosas, yo deseo lo mejor para los dos. ¿ Crees que yo no tengo miedo a decirte adiós, a ver que quizás he perdido la mejor oportunidad de mi vida, a no besar esos labios...? – Mientras soltó todas estas cosas, se unió al silencioso llanto de su amada.

-Mi corazón es tuyo y no se puede vivir sin corazón, pero aunque se pudiera no querría vivir una vida sin ti. ¿Crees de verdad que podría vivir aquí sabiendo que ya no somos nada, que tantas cosas quedaron en nada?
Eres mi mundo, no se lo puede llevar el viento como hace con las frágiles hojas del manzano en otoño. ¿ Es tan fácil deshojar mi vida?

-Rosa, a mi tampoco me es cosa sencilla. Cuando me de el sol en la cara, pensaré en los días de verano y en como brillaba tu sonrisa; cuando vea mi reflejo en el agua no lo reconoceré al no ver tu figura a mi lado como siempre, como en las tardes cogiendo renacuajos en el río...

Se hizo un trágico silencio, nada parecido a los que estaban acostumbrados a compartir. Diamantes líquidos seguían derramándose por la cara de Rosa, hasta que al final caían al suelo. Sus ojos miraban llenos de amargura, dolor y ganas de rogarle a Ángel, a su ángel, que no la dejase.

-¿Pero por qué no puede continuar todo? ¿Todas las promesas ya no valen nada? Yo quiero pasarme la vida entera a tu lado, te aseguro que renunciaría a todo por ti. No me hagas morir ... – rogó Rosa con el poco aliento que le quedaba en el pecho.

-No quiero que suframos más tiempo, apartados el uno del otro. Cuanto antes llegué el dolor, antes sanaran nuestros corazones.

-No sufriré si sé que estás vivo y que me amas. Mi amor seguirá latiendo por ti, intacto como aquellos meses que te fueras de viaje. Además, volverás aquí en algunas ocasiones y, por pocas que puedan ser, compensarán todas tus ausencias. ¿Por qué no elegir esta opción? ¿Por qué me condenas?
Tu amor es mi aire, y tú, solo tú, eres mi vida. Y vivir, sin vida, es como estar muerto.

Otro silencio se alzó entre los dos como un muro infranqueable. Al final, lo rompió Ángel con unas preciosas y decisivas palabras:
-Va a resultar que al final andaremos juntos este camino lleno de lágrimas y sonrisas, pero a tu lado, no me cabe la menor duda de que serán más sonrisas que lágrimas.

Se acercaron el uno al otro y se fundieron en un precioso beso, empapados por cientos de lágrimas que brillaban y sonreían contagiadas por la felicidad de estos y quedaron allí tumbados acompañados, ahora y para siempre, por el sonido de sus corazones latiendo a la par.

Posted by Esteban at 10:58

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martes, 25 de septiembre de 2007



Hoy por fin añadí algo más a la plantilla del blog, espero que os guste un poco de música y sobre todo este vals tan precioso de la película de Amélie.

Unámonos al baile de las estrellas con está canción, los pies vuelan de un lado a otro y todos los pasos son distintos. Hay pasos llenos de incertidumbre, otros suaves y ligeros, otros apasionados, algunos tristes, algunos mágicos…
La cuestión es no parar de bailar nunca, se puede bailar rodeado de personas y también solo, pero yo, os recomiendo en pareja.
Todos bailamos y nos movemos, siempre avanzado hacia delante. Y el destino cambia el ambiente y el lugar, te da la mano y te guía, se cansa de ti y te deja tirado, te hace sonreír y te hace llorar… Pero nunca se deja de bailar el vals.
La razón se olvida en ese baile: en él tanto llueve arroz, como rosas; los olores vuelan adquiriendo la forma de pájaros, luciérnagas y mariposas por todos los lugares; los sentimientos se ven en el exterior y la felicidad es capaz de cegar al mismísimo sol, mientras tanto, todos seguimos con los pasos el eterno son.
Las imágenes flotan efímeras y sólidas en el aire, como relámpagos de muchos colores y tonalidades, todo es un torbellino multicolor, un frenesí de amor y ritmo con pinceladas de todas las sensaciones.
Unámonos al vals, cerremos los ojos y echémonos a volar ¿Por qué esperar?
Un, dos, tres unámonos ya

Sin ti las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer

Posted by Esteban at 10:30

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sábado, 22 de septiembre de 2007


Un estridente ruido provocó que abandonara el país de los sueños para volver al mundo real. ¿Qué era ese ruido? ¿Era Peter Pan anunciando con un graznido como de costumbre su regreso al País de Nunca Jamás? ¿Traería consigo el final del cuento aquel del príncipe que no encontraba a la dama del zapatito de cristal? No, desgraciadamente no era el pillo de Peter graznando su llegada, sino que era la sirena del instituto que indicaba que mis minutos de recreo se habían agotado.
Que difícil le es a uno acostumbrarse a esta rutina de nuevo, que vuelvan a importar el día del mes y de la semana, que haya que acostarse y levantarse antes, tener que atesorar el tiempo que estoy en el ordenador…

Pero hoy no escribo esta entrada para hablar de la vuelta al instituto y todo lo que ello conlleva. Esta entrada tienen como misión principal ser una esquela, tranquilos no se me ha muerto nadie cercano, pero si a muerto la preciosa imagen que tenía de un ser querido. Era una persona que consideraba especial, inteligente y buena y, al fin y al cabo, estupenda; pero hoy es el fatídico día en el que veo la cruda realidad y esta es que se ha deteriorado y estropeado hasta un punto en el que toda mi ternura, amor y respeto hacia esa persona ha quedado reducido a un poderoso deseo de vomitarle en la cara.
Obviamente me guardaré el vomito para otra ocasión y ahora guardaré un minuto de silencio por su muy dolorosa muerte, ya que, en su momento, llegó a ser la persona a la que más quería,
Es muy triste que el mundo mate de esta forma a las personas, despojándolas de su valor e inyectándoles su veneno, que hará que se conviertan en esos seres antropomorfos, cuya diferencia con las personas es que al mirar su interior te provocan arcadas.

Posted by Esteban at 14:23

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jueves, 20 de septiembre de 2007


Mucha gente está acostumbrada a creer que se puede escribir sobre lo que uno desea, pero no es así de sencillo. En realidad, todo depende de cómo se encuentren los temas; es verdad que la mayoría de ellos se encuentran libres y sanos, desperdigados por el mundo y esperando a que cualquiera los invoque(por eso todo el mundo piensa que siempre es así de fácil), pero, a veces sucede que los temas se encuentran cautivos y no aparecen por muchas palabras que escriba el que trata de invocarlos.
Esto es lo que sucede esta vez, el escritor de estas palabras, es decir yo, escribo todas estas palabras tratando de que aparezca, entre la típica nube de polvo y luz, el tema que quiero que se materialice; sin embargo, no lo consigo y solo acuden al texto otros ridículos temas menores.
¿Dónde estarás tema mío? Quizá estás encarcelado en una oscura mazmorra, encadenado a una incomoda pared de piedra, sintiendo el frío de los grilletes en tu piel desnuda o quizá estas enterrado bajo toneladas de tierra y escombros, sin poder respirar o quizá ¿quién sabe? algo peor...
Me entristezco solo de pensarlo.
¿Quién te tendrá cautivo? ¿ Cuándo podrás acudir a mi llamada?
Esperaré y, mientras tanto, dejo estás palabras que no han servido de nada, puesto que solo te quería a ti y, menos tú, han acudido una manada.

Posted by Esteban at 14:00

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domingo, 16 de septiembre de 2007



Todos los veranos pasan volando, esto de que las cosas buenas se vayan tan pronto es una lástima; pero aunque todo lo bueno se acabe, siempre nos quedará el consuelo de que volverá a suceder y el año que viene a algunos nos toca disfrutar de las vacaciones más largas de nuestras vidas.
Y hoy me ha tocado tarde en casa, por ahora, que estoy cansadísimo, así que hay que aprovechar las buenas oportunidades de escribir un poco en el blog. Aunque siempre me pasa lo mismo, que no sé si escribir una entrada al estilo diario al que le cuento como me va la vida y cosas que hago o escribir sobre algún tema en concreto.
Antes de que se me olvide, felicidades con un día de retraso para Sainza y, a pesar de no ser nada original, le deseo que cumpla muchos más.
Ahora me he sentido un poco locutor de radio, debo de estar algo extraño hoy; de todas a todas hoy, al ser domingo, siempre le puedo echar las culpas a la juerga de anoche.
Y me despido ya, recomendándoos esta página web http://es.wikiquote.org , que es una enciclopedia libre de citas de películas, libros, personajes célebres… que nunca uno conoce de antemano que cambiará por leer una cita o dejar de hacerlo. Por ejemplo, esta cita de Albert Einstein * ,me hizo intentar escribir algo diferente a lo que suelo hacer, aunque de eso a que lo haya logrado hay un buen pedazo.
* «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.»

Aquí os dejo mi intentó de relato o escrito diferente:

La mano, que levitaba desligada de todo en el aire, jugaba con aquel afilado diamante que sostenía entre sus dedos. La luz entraba por una de las caras del mineral y se rompían en mil destellos de diferentes tonos y colores. La mano, apretó el meñique contra la esquina más afilada de este, por lo que un lento río de oscura sangre brotó de la yema del dedo y se deslizó por aquella transparente y gélida superficie.
La primera gota, empujada por la gravedad, intentó desprenderse de la gema; pero no lo consiguió y se congeló formando un granate carámbano. La siguiente tuvo la misma suerte y la siguiente y la que vino después de la siguiente de la siguiente también, así hasta que no hubo ninguna más.
Pasada una hora, el diamante se había convertido en una menudencia comparado con el castillo de sangre helada que pendía de este y este a su vez de la, ahora inerte y pálida, mano.
En la escarlata fortaleza, vivían 2 seres condenados eternamente a amarse. No eran inmortales, pero si eternos. Cuando morían, siempre volvían a nacer en el inmenso castillo. Este en cada vida de ellos era algo diferente a como era en la vida anterior, pero mantenía el mismo rojo sangre y el mismo tacto helado.
Uno de lo seres amante y amado, era un diamante y el otro era una mano.

Posted by Esteban at 10:07

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jueves, 13 de septiembre de 2007


Una sensual figura femenina se introdujo entre las aguas burbujeantes del jacuzzi, hasta que de ellas solo asomaba su busto por encima de esa irregular superficie. Imitando el mismo proceso, un hombre metido en un apretado bañador aumentó las turbulencias en el agua ya revuelta.
Intercambiaron unas miradas y se sonrieron, reinaba un silencio incómodo como si hubiese pasado mucho tiempo desde la última vez que habían estado allí juntos.
- No te sigas atormentando más, querida, sé que te arrepientes de haberte intentado suicidar y no dudes en que te sigo amando tanto como el primer día. Aquel día en la playa… el mar, el cielo, tú, yo y nadie más.- dijo el hombre, ahora con la voz se le lleno de nostalgia y añadió, junto a una sonrisa sincera -No sé como pudiste pensar que habías dejado de ser la dueña de mis sueños.
- Es que…- las palabras no salieron de aquel precioso rostro- He de confesarte algo: tengo 2 hijos y tres nietos -anunció haciendo acopio de todo su valor, sin apartar sus azules ojos de los de su marido.

Una mueca de sorpresa con un toque a la cara que se le debe poner a uno cuando sufre un ataque al corazón se hizo con su rostro varonil. Se levantó y salió como una fiera de aquella agua efervescente. La mujer se levantó dónde se encontraba, quedando la espuma y el agua bailando sobre sus rodillas.
- ¡Espera! Por favor, déjame explicarte- rogó a gritos.
El hombre giró sobres sus pies, tenía los ojos desorbitados y parecía estar conteniendo un dolor que le ganaba con creces.
- ¡Me has engañado! Y yo siempre te he amado, vivíamos en un sueño; pero ahora veo que solo vivía en el sueño que crearon tus mentiras.
- ¡Achís!- estornudó la mujer rompiendo así la seriedad de la conversación y provocando a la vez el extraño suceso de que uno de sus brazos se desprendiera de ella y volara por el cuarto hasta caer inerte en el suelo húmedo.
No había rastro de sangre por ningún lugar. El hombre, sin dar crédito a lo que veía, miró a su mujer exigiendo una explicación, lo único que consiguió fue ver como esta se encogía de hombros, creando al hacerlo un reflejo de luz en el encaje metálico que antes unía su brazo a su cuerpo, y ver como mentía nerviosa diciendo : no sé que ha podido pasar…
Ciego de irá se abalanzó sobre ella, dejándola en una posición insufrible con la espalda apoyada en el suelo embaldosado que rodeaba el jacuzzi. Le consiguió apretar la nariz, haciendo caso omiso de los ruegos y de los intentos por resistirse de esta, con ello el único brazo que le quedaba se deshinchó como un globo.
El hombre estaba cada vez más furioso, no podía creerse todo lo que estaba pasando. Tiró de la piel del vientre de su mujer como un salvaje caníbal, hasta arrancarla, y ya no se sorprendió al ver la maraña de cables grises que encontró. Tiro de ellos hacia fuera, mientras inundaba la habitación con risas de desquiciado.
- Sufre, puta robot. Que jamás sentirás el dolor que yo siento, que he tirado toda mi vida solamente pensando en ti. Sufre, como yo sufro. – gritaba el hombre loco por el dolor, mientras arrancaba y rompía los circuitos que hasta entonces habían sido su amor.
La atractiva robot se revolvió espasmódicamente una última vez, mientras dejaba de funcionar para siempre envuelta en un velo humo y de chispas eléctricas.
Su marido gritó lo más fuerte que pudo, los pensamientos le mataban por dentro, había estado enamorado 20 años de una máquina insensible manejada a control remoto por decenas de hombres. Nada era cierto. Su feliz realidad solo había sido un vil engaño y además si ella era un robot ¿Por qué le había dicho que tenia 2 hijos y tres nietos? ¿Por qué se lo habían hecho pasar tan mal a él cuando ella se había intentado suicidar? Toda su vida era una mentira, todos los recuerdos con ella, ya no le hacían feliz, sino que le apuñalaban.
Desesperado y confuso, abrió la ventana y con un grito saturado de rabia y de dolor se arrojó al vacío.

Posted by Esteban at 5:07

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domingo, 9 de septiembre de 2007


Miraba con fascinación a aquel pequeño insecto que me hacía cosquillas mientras caminaba con curiosidad por mi mano. No se muy bien porque, pero me enternecía y una suave sonrisa se dibujo en mi rostro. Volvió a brillar y para mi sorpresa, puesto que yo pensaba que pertenecía a una especie de luciérnagas que no volaban, desplegó unas pequeñas alas y se alejó por los aires hasta posarse en un coche cercano.
Yo, que no tenía nada mejor que hacer, decidí seguirla. Lo que no me resultó muy difícil porque se iba posando cada poco rato y nunca volaba mucho tiempo seguido, si no tuviese un cerebro tan pequeño hubiese pensado que quería que la siguiera.
Con el jueguecito me alejé más de lo que esperaba y, en cuanto me di cuenta, ya llevaba un buen rato andando entre campos y sorteando matorrales. En ese momento me sentí un poco estúpido, menos mal que no me había visto nadie siguiendo a la luciérnaga hasta tan lejos, sino me hubiesen tomado por loco.
Al final se detuvo en lo que me pareció a mí un castaño, no estoy muy seguro porque era difícil diferenciar las formas en la penumbra de la noche y tanto podía a ver sido otro árbol. Con un dedo le rocé el abdomen mientras le decía en voz baja:
-Que tonterías me has hecho hacer, eh…
Agotado por el paseo me senté en el suelo a descasar un poco y apoyé la espalda en la áspera corteza. No me preocupé por quedarme dormido allí en medio de la nada, puesto que la bebida que me habían servido en el Esfinge me aseguraba estar, al menos una hora más, sin gota de sueño.
Una voz grave de pronto rompió el silencio en afilados cristales, sobresaltándome.
- Quizás no haya sido tan tontería como tú crees haber venido aquí esta noche.
Alcé la cabeza asustado, nervioso y desconcertado. Tenía ante mi a un hombre mucho más joven de lo que había imaginado por su voz, debería tener unos veinte y pico años. Me pareció que tenía rasgos agradables, pero sus ojos oscuros no seguían la armonía que había entre todos ellos y irradiaban una extraña fuerza.
- ¿Quién es usted? ¿Y que es lo que quiere?- pregunté sin apartar la mirada de él, analizando cada detalle para averiguar cualquier información que me pudiese dar su aspecto o su vestimenta.
- Mi nombre es Alejandro Sáez y yo no quiero nada de ti, lo quieren ellas- aclaró mientras su rostro se tornaba lleno de diversión.
- ¿ellas? ¿Quiénes son ellas?- pregunté confuso. Toda la conversación me parecía sin sentido.
- Las luciérnagas. ¿A caso quién sino salvo una de ellas te ha traído hasta aquí?
- No hable de ellas, como si fueran personas, son solo insectos que disponen de bioluminiscencia- contesté sin poder evitarlo con un tono que resultó pedante.
- Eso es solo lo que la mayoría de las personas creen y lo que piensa la mayoría no sirve para hacer una cosa verdad o mentira.
Me limité a darle la espalda e irme, no m sentía cómodo hablando con un loco y sin gente alrededor.
- No escapes, mira, si no te lo crees, pídeles a ellas que te lo demuestren y yo no te molestaré más si sigues pensando que estoy chiflado- prometió con aspereza.
Subí los ojos para arriba en una mueca de incredulidad y resoplé, pero pensé que soltar esas palabras a aquel bicho y luego poder marcharme tan tranquilo, era mejor que tener a un loco siguiéndome e insistiéndome.
Acerqué mi cara a la tenue lucecita y dije con tono burlón:
- Vamos, demuéstrame que me entiendes.
La luz de la luciérnaga se apagó.
- Ves- me echó en cara el desconocido.
- Solo ha sido casualidad, nada más.
El viento que había ido amainando a lo largo de la noche se levantó de un golpe recuperando su anterior furia.
- Ahora si que te lo van a demostrar, chico. – Dijo el desconocido sonriendo.
De la nada salieron multitud de luces, que flotaban en el aire y que parecía arrastradas por una corriente invisible contraria al sentido del viento. No puede contener la sorpresa, estaba maravillado y con la boca peligrosamente abierta. Las luces giraban a nuestro alrededor y bailaban entre ellas, parecía como si la gravedad hubiese dejado de actuar y todo flotase en el aire a su voluntad. Parecía un espectáculo de luces utilizando la mejor tecnología en tres dimensiones. Todo el terreno estaba iluminado por aquella luz amarillo-verdosa, podía distinguir todos lo detalles que antes la oscuridad me impedía diferenciar, pero mi mente estaba únicamente prestando atención a las luces voladoras. Se fueron apagando, una por una, parecía como si desparecieran para siempre, hasta que reino de nuevo la negrura; pero, de repente alumbraron todas a la vez dejando ver una nueva y ordenada formación que creaba palabras y frases. Atónito y sumido en un mágico trance leí en alto:
Nuestra conciencia es conocida por pocos, tú perteneces ahora a este grupo de gente. Te hemos elegido y no creas que haya sido por azar. Todas tus preguntas serán contestadas, a cambio tú nos prestarás tu ayuda.

Posted by Esteban at 15:20

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viernes, 7 de septiembre de 2007


Todo empezó aquella oscura noche del 22 de septiembre. Recuerdo que había salido con mis amigos con la esperanza de bailar en cualquier lugar en el que sonase algo de música, tomar algún que otro refresco y reírnos con nuestras tonterías y payasadas.
Se levantó un gélido e impetuoso viento que tiró por los suelos el esfuerzo que mis amigas habían dedicado en elaborar sus complejos y, para mi gusto demasiado innovadores, peinados; mientras descendíamos todos en procesión por la acera de la calle Madreselva en dirección al Esfinge.
Poco antes de llegar allí, nos ordenamos de forma específica con la intención de facilitar nuestro acceso, puesto que algunos de los que íbamos no disponíamos de la edad necesaria. Nerviosos e intentando aparentar mayores, atravesamos la puerta de entrada, sin ser interceptados por ninguno de los bípedos gorilas que custodiaban la entrada y sentenciaban quien podría pasar una noche entre risas, música y bailes y quien se tendría que quedar en la fría y aburrida calle, sin más compañía que la de las austeras farolas y las fantasmales fachadas.
Ya tranquilos dentro, empezaron casuales conversaciones y algunos se acercaron a la barra a pedir algo. Yo me acerqué con ellos a pasos marcados al ritmo de la música, esto es una cosa que no puedo evitar, suene la canción que suene siempre acabo andando a su son. Me encontraba algo soñoliento, por lo que a gritos conseguí pedirle a la sexy camarera una bebida que contuviese cafeína y taurina, ya que no tenían las marcas conocidas. Cuando volvimos a donde estaban los demás, empezamos a bailar en la típica formación en corro. Había poca gente esa noche en el Esfinge y además éramos un grupo llamativo, cada uno tenía un estilo para moverse muy personal, tanto que por separado podríamos resultar ridículos; pero, en conjunto, creábamos una armoniosa y acompasada imagen.
Sonaron decenas de canciones mientras nosotros nos divertíamos al compás de la música y nuestras carcajadas quedaban amortiguadas en el aire, ya lleno de vibraciones más potentes.
Empecé a sentirme demasiado acalorado y me costaba respirar allí dentro; ya que, con las horas, el local se había ido llenado de gente y, por lo tanto, también del molesto humo que desprendían los cigarrillos que parte de esa masa humana portaban y movían por el aire como si fuesen espadas y ellos estuviesen disputando un complejo duelo de esgrima. Pregunte gritando, puesto que sino sería imposible que me oyeran, si alguien quería acompañarme a fuera a respirar un poco de aire fresco, fue tan útil como no haberlo hecho, puesto que el efecto embriagador del alcohol o el adictivo del baile o bien ambos a la vez debían hacerles olvidar la humareda y el calor.
Con actitud indiferente y comprensiva hacia su negativa, me dirigí hacia la salida, de nuevo al ritmo de la música. Pasé, despreocupado ahora, entre los dos porteros y llegué a la calle. Seguía soplando aquel fuerte viento, llené mi pecho con una gran bocanada de aire fresco y frío. A pesar de su temperatura daba gusto respirar el aire limpio y sin humo.
Con una nueva sensación de bienestar y tras unos minutos fuera, decidí volver a aquel mundo de luces, movimientos y sonidos. Pero, cuando estaba atravesando el marco de la puerta por la que había salido, alguien me agarró por la camiseta, me giré sorprendido y vi que quien me había retenido era uno de esos armarios-humanos.
- ¿hay algún problema?- pregunté sin dejarme intimidar, mientras mis ojos seguían, cargados de ofensa, a aquella garra que me había aprisionado hace unos segundos y que ahora se alejaba.
- Ninguno, salvo que no puedes entrar aquí si no me enseñas tu carne de identidad.- decretó con una voz grave y con un tono burlón.
- No lo he traído, pero yo ya estaba dentro, simplemente salí a tomar el aire- objeté malhumorado por la situación.
- Yo no recuerdo tu cara. No trates de engañarme. Sino tienes el carné, vete de aquí.- pronunció desafiante y sus ojos se llenaron de regocijo al ver mi rostro lleno de ira
Consternado, pensando que deberían cuñar a las personas que salen para que puedan volver a entrar y sin saber que hacer para solucionar ese contratiempo, me fui a sentar a un viejo portal que estaba en la acera de enfrente. Dudaba entre esperar a que mis amigos saliesen a buscarme o irme para mi casa y descansar. No quería irme a dormir tan pronto, pero me asustaba pensar cuanto tiempo tardarían en preocuparse por mi ausencia, estando sumidos en ese trace de entretenimiento. Seguía molesto y aun encima me estaba poniendo de los nervios la farola que iluminaba mis cercanías, debido a que no dejaba de iluminar de forma intermitente. Al final, se apagó. Pensé que era lo que me faltaba y que parecía que la mala suerte se había encaprichado conmigo esa noche, estaba tan molesto que esa insignificancia había sido la gota que había colmad el vaso.
De pronto e interrumpiendo mi estado colérico, vi un pequeña destello amarillo-verdosa a mi lado, me acerque a el para observarlo mejor. Era una luciérnaga, me sorprendió mucho haber encontrado a aquel coleóptero en medio de la ciudad; pero me alegré por ello, mirar serenamente su frágil luz consiguió hacerme olvidar todo mi malestar y con toda la delicadeza que pude, la cogí,la apoyé suavemente en mi mano y en ella apagó su luz.

Posted by Esteban at 4:37

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sábado, 1 de septiembre de 2007


Me ha pasado alguna vez que mis palabras se rompen en pedazos cuando intentan salir de mi boca y no les da tiempo ni a respirar un poco de aire fresco antes de desintegrarse.
Ellas nacen en las nimbadas aguas de mi cabeza y maduran hasta conseguir encerrar su significado claustrofóbicamente en esa pandilla de símbolos que son las palabras de los lenguajes humanos.
Luego se deslizan por mi sistema nervioso a gran velocidad, este es en uno de los momentos en los que más felices son; solo se dejan llevar, sin saber a donde van ni cuando llegarán, pero conscientes de que pronto cumplirán su misión.
Pero, en ocasiones especiales, cuando llegan vibrantes corriendo a través de mi garganta, se dan cuenta de que esos símbolos no consiguen encerrar los intensos significados que ellas portan y se inmolan nada más ver la luz del sol, dejando con su muerte una estela invisible de polvo que crea un silencio único. Un silencio que dice más que infinitos símbolos juntos, un silencio en el que el significado se convierte obligatoriamente en una realidad, un silencio que se merece más que cualquier otro sustantivo el adjetivo mágico e indescriptible y es tal ese silencio, que solo se puede describir y pronunciar adecuadamente con otro silencio de ese tipo.
Todo el mundo conoce ese silencio, aunque ahora puede ser que no caigáis en la cuenta de que es, puesto que esta llamado con símbolos que no son capaces de encerrar ni por asomo su significado, ese silencio es de las pocas formas directas que tiene el amor de pronunciarse y encerrarse durante momento en el mundo físico.

Una vez, solamente una vez, ya lo ves
Una vez te perdí, una vez te seguí
Una vez, y dos, y tres.

Posted by Esteban at 8:26

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