domingo, 9 de septiembre de 2007


Miraba con fascinación a aquel pequeño insecto que me hacía cosquillas mientras caminaba con curiosidad por mi mano. No se muy bien porque, pero me enternecía y una suave sonrisa se dibujo en mi rostro. Volvió a brillar y para mi sorpresa, puesto que yo pensaba que pertenecía a una especie de luciérnagas que no volaban, desplegó unas pequeñas alas y se alejó por los aires hasta posarse en un coche cercano.
Yo, que no tenía nada mejor que hacer, decidí seguirla. Lo que no me resultó muy difícil porque se iba posando cada poco rato y nunca volaba mucho tiempo seguido, si no tuviese un cerebro tan pequeño hubiese pensado que quería que la siguiera.
Con el jueguecito me alejé más de lo que esperaba y, en cuanto me di cuenta, ya llevaba un buen rato andando entre campos y sorteando matorrales. En ese momento me sentí un poco estúpido, menos mal que no me había visto nadie siguiendo a la luciérnaga hasta tan lejos, sino me hubiesen tomado por loco.
Al final se detuvo en lo que me pareció a mí un castaño, no estoy muy seguro porque era difícil diferenciar las formas en la penumbra de la noche y tanto podía a ver sido otro árbol. Con un dedo le rocé el abdomen mientras le decía en voz baja:
-Que tonterías me has hecho hacer, eh…
Agotado por el paseo me senté en el suelo a descasar un poco y apoyé la espalda en la áspera corteza. No me preocupé por quedarme dormido allí en medio de la nada, puesto que la bebida que me habían servido en el Esfinge me aseguraba estar, al menos una hora más, sin gota de sueño.
Una voz grave de pronto rompió el silencio en afilados cristales, sobresaltándome.
- Quizás no haya sido tan tontería como tú crees haber venido aquí esta noche.
Alcé la cabeza asustado, nervioso y desconcertado. Tenía ante mi a un hombre mucho más joven de lo que había imaginado por su voz, debería tener unos veinte y pico años. Me pareció que tenía rasgos agradables, pero sus ojos oscuros no seguían la armonía que había entre todos ellos y irradiaban una extraña fuerza.
- ¿Quién es usted? ¿Y que es lo que quiere?- pregunté sin apartar la mirada de él, analizando cada detalle para averiguar cualquier información que me pudiese dar su aspecto o su vestimenta.
- Mi nombre es Alejandro Sáez y yo no quiero nada de ti, lo quieren ellas- aclaró mientras su rostro se tornaba lleno de diversión.
- ¿ellas? ¿Quiénes son ellas?- pregunté confuso. Toda la conversación me parecía sin sentido.
- Las luciérnagas. ¿A caso quién sino salvo una de ellas te ha traído hasta aquí?
- No hable de ellas, como si fueran personas, son solo insectos que disponen de bioluminiscencia- contesté sin poder evitarlo con un tono que resultó pedante.
- Eso es solo lo que la mayoría de las personas creen y lo que piensa la mayoría no sirve para hacer una cosa verdad o mentira.
Me limité a darle la espalda e irme, no m sentía cómodo hablando con un loco y sin gente alrededor.
- No escapes, mira, si no te lo crees, pídeles a ellas que te lo demuestren y yo no te molestaré más si sigues pensando que estoy chiflado- prometió con aspereza.
Subí los ojos para arriba en una mueca de incredulidad y resoplé, pero pensé que soltar esas palabras a aquel bicho y luego poder marcharme tan tranquilo, era mejor que tener a un loco siguiéndome e insistiéndome.
Acerqué mi cara a la tenue lucecita y dije con tono burlón:
- Vamos, demuéstrame que me entiendes.
La luz de la luciérnaga se apagó.
- Ves- me echó en cara el desconocido.
- Solo ha sido casualidad, nada más.
El viento que había ido amainando a lo largo de la noche se levantó de un golpe recuperando su anterior furia.
- Ahora si que te lo van a demostrar, chico. – Dijo el desconocido sonriendo.
De la nada salieron multitud de luces, que flotaban en el aire y que parecía arrastradas por una corriente invisible contraria al sentido del viento. No puede contener la sorpresa, estaba maravillado y con la boca peligrosamente abierta. Las luces giraban a nuestro alrededor y bailaban entre ellas, parecía como si la gravedad hubiese dejado de actuar y todo flotase en el aire a su voluntad. Parecía un espectáculo de luces utilizando la mejor tecnología en tres dimensiones. Todo el terreno estaba iluminado por aquella luz amarillo-verdosa, podía distinguir todos lo detalles que antes la oscuridad me impedía diferenciar, pero mi mente estaba únicamente prestando atención a las luces voladoras. Se fueron apagando, una por una, parecía como si desparecieran para siempre, hasta que reino de nuevo la negrura; pero, de repente alumbraron todas a la vez dejando ver una nueva y ordenada formación que creaba palabras y frases. Atónito y sumido en un mágico trance leí en alto:
Nuestra conciencia es conocida por pocos, tú perteneces ahora a este grupo de gente. Te hemos elegido y no creas que haya sido por azar. Todas tus preguntas serán contestadas, a cambio tú nos prestarás tu ayuda.

Posted by Esteban at 15:20

0 destello(s) de luciérnaga