domingo, 16 de septiembre de 2007



Todos los veranos pasan volando, esto de que las cosas buenas se vayan tan pronto es una lástima; pero aunque todo lo bueno se acabe, siempre nos quedará el consuelo de que volverá a suceder y el año que viene a algunos nos toca disfrutar de las vacaciones más largas de nuestras vidas.
Y hoy me ha tocado tarde en casa, por ahora, que estoy cansadísimo, así que hay que aprovechar las buenas oportunidades de escribir un poco en el blog. Aunque siempre me pasa lo mismo, que no sé si escribir una entrada al estilo diario al que le cuento como me va la vida y cosas que hago o escribir sobre algún tema en concreto.
Antes de que se me olvide, felicidades con un día de retraso para Sainza y, a pesar de no ser nada original, le deseo que cumpla muchos más.
Ahora me he sentido un poco locutor de radio, debo de estar algo extraño hoy; de todas a todas hoy, al ser domingo, siempre le puedo echar las culpas a la juerga de anoche.
Y me despido ya, recomendándoos esta página web http://es.wikiquote.org , que es una enciclopedia libre de citas de películas, libros, personajes célebres… que nunca uno conoce de antemano que cambiará por leer una cita o dejar de hacerlo. Por ejemplo, esta cita de Albert Einstein * ,me hizo intentar escribir algo diferente a lo que suelo hacer, aunque de eso a que lo haya logrado hay un buen pedazo.
* «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.»

Aquí os dejo mi intentó de relato o escrito diferente:

La mano, que levitaba desligada de todo en el aire, jugaba con aquel afilado diamante que sostenía entre sus dedos. La luz entraba por una de las caras del mineral y se rompían en mil destellos de diferentes tonos y colores. La mano, apretó el meñique contra la esquina más afilada de este, por lo que un lento río de oscura sangre brotó de la yema del dedo y se deslizó por aquella transparente y gélida superficie.
La primera gota, empujada por la gravedad, intentó desprenderse de la gema; pero no lo consiguió y se congeló formando un granate carámbano. La siguiente tuvo la misma suerte y la siguiente y la que vino después de la siguiente de la siguiente también, así hasta que no hubo ninguna más.
Pasada una hora, el diamante se había convertido en una menudencia comparado con el castillo de sangre helada que pendía de este y este a su vez de la, ahora inerte y pálida, mano.
En la escarlata fortaleza, vivían 2 seres condenados eternamente a amarse. No eran inmortales, pero si eternos. Cuando morían, siempre volvían a nacer en el inmenso castillo. Este en cada vida de ellos era algo diferente a como era en la vida anterior, pero mantenía el mismo rojo sangre y el mismo tacto helado.
Uno de lo seres amante y amado, era un diamante y el otro era una mano.

Posted by Esteban at 10:07

3 destello(s) de luciérnaga