jueves, 13 de septiembre de 2007


Una sensual figura femenina se introdujo entre las aguas burbujeantes del jacuzzi, hasta que de ellas solo asomaba su busto por encima de esa irregular superficie. Imitando el mismo proceso, un hombre metido en un apretado bañador aumentó las turbulencias en el agua ya revuelta.
Intercambiaron unas miradas y se sonrieron, reinaba un silencio incómodo como si hubiese pasado mucho tiempo desde la última vez que habían estado allí juntos.
- No te sigas atormentando más, querida, sé que te arrepientes de haberte intentado suicidar y no dudes en que te sigo amando tanto como el primer día. Aquel día en la playa… el mar, el cielo, tú, yo y nadie más.- dijo el hombre, ahora con la voz se le lleno de nostalgia y añadió, junto a una sonrisa sincera -No sé como pudiste pensar que habías dejado de ser la dueña de mis sueños.
- Es que…- las palabras no salieron de aquel precioso rostro- He de confesarte algo: tengo 2 hijos y tres nietos -anunció haciendo acopio de todo su valor, sin apartar sus azules ojos de los de su marido.

Una mueca de sorpresa con un toque a la cara que se le debe poner a uno cuando sufre un ataque al corazón se hizo con su rostro varonil. Se levantó y salió como una fiera de aquella agua efervescente. La mujer se levantó dónde se encontraba, quedando la espuma y el agua bailando sobre sus rodillas.
- ¡Espera! Por favor, déjame explicarte- rogó a gritos.
El hombre giró sobres sus pies, tenía los ojos desorbitados y parecía estar conteniendo un dolor que le ganaba con creces.
- ¡Me has engañado! Y yo siempre te he amado, vivíamos en un sueño; pero ahora veo que solo vivía en el sueño que crearon tus mentiras.
- ¡Achís!- estornudó la mujer rompiendo así la seriedad de la conversación y provocando a la vez el extraño suceso de que uno de sus brazos se desprendiera de ella y volara por el cuarto hasta caer inerte en el suelo húmedo.
No había rastro de sangre por ningún lugar. El hombre, sin dar crédito a lo que veía, miró a su mujer exigiendo una explicación, lo único que consiguió fue ver como esta se encogía de hombros, creando al hacerlo un reflejo de luz en el encaje metálico que antes unía su brazo a su cuerpo, y ver como mentía nerviosa diciendo : no sé que ha podido pasar…
Ciego de irá se abalanzó sobre ella, dejándola en una posición insufrible con la espalda apoyada en el suelo embaldosado que rodeaba el jacuzzi. Le consiguió apretar la nariz, haciendo caso omiso de los ruegos y de los intentos por resistirse de esta, con ello el único brazo que le quedaba se deshinchó como un globo.
El hombre estaba cada vez más furioso, no podía creerse todo lo que estaba pasando. Tiró de la piel del vientre de su mujer como un salvaje caníbal, hasta arrancarla, y ya no se sorprendió al ver la maraña de cables grises que encontró. Tiro de ellos hacia fuera, mientras inundaba la habitación con risas de desquiciado.
- Sufre, puta robot. Que jamás sentirás el dolor que yo siento, que he tirado toda mi vida solamente pensando en ti. Sufre, como yo sufro. – gritaba el hombre loco por el dolor, mientras arrancaba y rompía los circuitos que hasta entonces habían sido su amor.
La atractiva robot se revolvió espasmódicamente una última vez, mientras dejaba de funcionar para siempre envuelta en un velo humo y de chispas eléctricas.
Su marido gritó lo más fuerte que pudo, los pensamientos le mataban por dentro, había estado enamorado 20 años de una máquina insensible manejada a control remoto por decenas de hombres. Nada era cierto. Su feliz realidad solo había sido un vil engaño y además si ella era un robot ¿Por qué le había dicho que tenia 2 hijos y tres nietos? ¿Por qué se lo habían hecho pasar tan mal a él cuando ella se había intentado suicidar? Toda su vida era una mentira, todos los recuerdos con ella, ya no le hacían feliz, sino que le apuñalaban.
Desesperado y confuso, abrió la ventana y con un grito saturado de rabia y de dolor se arrojó al vacío.

Posted by Esteban at 5:07

1 destello(s) de luciérnaga