miércoles, 26 de septiembre de 2007



-Ojalá no pasase el tiempo y quedásemos eternamente aquí, bajo el manzano, abrazados- deseó en alto Rosa con la voz llena de ternura.

Desgraciadamente el tiempo no se detuvo aquel día verano y el día 2 llegó a la vida de Ángel y Rosa. Ese día, Ángel celebraba que habían pasado diecisiete años de su llegada este mundo. Su familia y amigos se alegraban como todos las veces anteriores, pero en ese año, en cambio, era el día más triste de la vida de estos enamorados.
Esa tarde habían quedado a las cinco debajo del manzano como de costumbre, debajo de aquel manzano que les había visto crecer juntos y ahora los vería separarse.

Rosa aguardaba nerviosa a su amado, moviéndose de un lado a otro y cogiendo alguna que otra flor, que acabaría maravillándola con su agradable olor y su sutil belleza. Los segundos parecían horas, mientras que Ángel seguía sin aparecer, al menos le tranquilizaba saber que él siempre se retrasaba.
Al final lo vio acercarse, con su forma de andar única, que ya conocía con precisión y exactitud después de tantos años.

-Hola, veo que has venido- dijo acompañado de un intento no logrado de sonrisa.

-¿Cómo no iba a venir? Sabes que eres la persona más importante de mi vida...

-De eso quería hablarte yo- la interrumpió sin dejarla acabar- Como bien sabemos, he cumplido los diecisiete y tendré que echar a volar y abandonar el nido, lo quiera o no.

-Ya, es horrible que nos vayamos a ver tan poco. Pero me queda el consuelo de llevarte en mi corazón y saber que estés donde estés y pase lo que te pase, tú me llevarás a mi en el tuyo.- la voz de Rosa se llenó de cariño y recuerdos al decir esto.

-Rosa, mi pequeña flor, sabes que te amo y que por ti daría todo, porque no hay nada ni nadie que valga lo que tú. Pero pienso que no podrá seguir viviendo esta relación que nos hace ser 2 y no uno, como el resto de los mortales.

Así de claro era Ángel y cuando quería decir algo, solía soltarlo pronto y no darle más vueltas.

-Pero...- las palabras se rompieron en el aire antes de salir de su boca y, en su lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas que brillaban a la luz del sol, como faros irradiantes de tristeza- Nos prometimos amor eterno, me prometiste cruzar el mundo con tu compañía... ¡Me lo prometiste!

-No me hagas esto más complicado, por Dios, si sabes que yo tampoco quiero; pero mi cabeza me dice que es lo más lógico.- Intentó, ya hundido por el peso de la situación, justificarse.

-¿Lógica? ¿ Me hablas ahora de lógica?- gritó Rosa con toda su voz, mientras las lágrimas vencían sus párpados, incapaces ahora estos de retener esa marea.- La lógica no tiene palabra aquí, el amor la sobrepasa y la deja fuera de juego. Según la lógica, si puedo elegir salvarme fácilmente o morir intentando salvarte, elegiría la primera opción y una vez más se habría equivocado. Cuando hay amor, el resto de las cosas pierden su poder y sentido.

-Solo intento pensar las cosas, yo deseo lo mejor para los dos. ¿ Crees que yo no tengo miedo a decirte adiós, a ver que quizás he perdido la mejor oportunidad de mi vida, a no besar esos labios...? – Mientras soltó todas estas cosas, se unió al silencioso llanto de su amada.

-Mi corazón es tuyo y no se puede vivir sin corazón, pero aunque se pudiera no querría vivir una vida sin ti. ¿Crees de verdad que podría vivir aquí sabiendo que ya no somos nada, que tantas cosas quedaron en nada?
Eres mi mundo, no se lo puede llevar el viento como hace con las frágiles hojas del manzano en otoño. ¿ Es tan fácil deshojar mi vida?

-Rosa, a mi tampoco me es cosa sencilla. Cuando me de el sol en la cara, pensaré en los días de verano y en como brillaba tu sonrisa; cuando vea mi reflejo en el agua no lo reconoceré al no ver tu figura a mi lado como siempre, como en las tardes cogiendo renacuajos en el río...

Se hizo un trágico silencio, nada parecido a los que estaban acostumbrados a compartir. Diamantes líquidos seguían derramándose por la cara de Rosa, hasta que al final caían al suelo. Sus ojos miraban llenos de amargura, dolor y ganas de rogarle a Ángel, a su ángel, que no la dejase.

-¿Pero por qué no puede continuar todo? ¿Todas las promesas ya no valen nada? Yo quiero pasarme la vida entera a tu lado, te aseguro que renunciaría a todo por ti. No me hagas morir ... – rogó Rosa con el poco aliento que le quedaba en el pecho.

-No quiero que suframos más tiempo, apartados el uno del otro. Cuanto antes llegué el dolor, antes sanaran nuestros corazones.

-No sufriré si sé que estás vivo y que me amas. Mi amor seguirá latiendo por ti, intacto como aquellos meses que te fueras de viaje. Además, volverás aquí en algunas ocasiones y, por pocas que puedan ser, compensarán todas tus ausencias. ¿Por qué no elegir esta opción? ¿Por qué me condenas?
Tu amor es mi aire, y tú, solo tú, eres mi vida. Y vivir, sin vida, es como estar muerto.

Otro silencio se alzó entre los dos como un muro infranqueable. Al final, lo rompió Ángel con unas preciosas y decisivas palabras:
-Va a resultar que al final andaremos juntos este camino lleno de lágrimas y sonrisas, pero a tu lado, no me cabe la menor duda de que serán más sonrisas que lágrimas.

Se acercaron el uno al otro y se fundieron en un precioso beso, empapados por cientos de lágrimas que brillaban y sonreían contagiadas por la felicidad de estos y quedaron allí tumbados acompañados, ahora y para siempre, por el sonido de sus corazones latiendo a la par.

Posted by Esteban at 10:58

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