jueves, 4 de octubre de 2007


Llegó el momento de cerrar el libro para no volverlo abrir. Siempre que uno está sumergido en la propia historia, todo parece infinito; pero, quizás no el la página 27, ni en la 94 y hasta puede que con suerte estés en la 872 cuando llegue el inevitable momento de leer el final.
Adiós pañuelos, adiós ángeles, adiós pinceladas de cielo, de todo me despido. Sin embargo, eternamente llevaré la historia en mis recuerdos, bien acompañada de aquel cuadro que pinté en la contraportada.
Ya han pasado los días, en los que te observé, protagonista, quemar las viejas fotografías de la despedida en la estación que te inventaste. Ya se ha perdido en internet aquel verde que alababas; las revistas ya no hablan, sino callan; y, en la televisión, tu libro se anuncia y tú, ahora, solo eres un personaje de ficción más.
Las joyas del amor y la amistad han quedado enterradas bajo los escombros de tu translucida casa, de tus ciudades de extraños nombres, de tus prados de frágil azul y de los mares de gritos que aumentaban el silencio de la noche.
¿Quién sabe? Yo no lo sé, ni me atrevo a adivinar. Tal vez la arqueología o alguna ciencia rara, alguna vez sea capaz de recuperar los besos que en ese mundo a las estrellas mandaban para, cuando junto a ellas te vieras, te los regalaran.

Posted by Esteban at 6:44

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