domingo, 21 de octubre de 2007


Sonó la alarma del reloj que llevaba dibujado en la muñeca, marcaba la hora de soñar. Una sonrisa se me escapó, por fin era el momento. Cerré los ojos tumbado en el sillón y a miles de kilómetros de distancia en aquel compartimento de tren, otro reloj dibujado en la piel sonaba, otra sonrisa se escapaba y otros ojos se cerraban.
La oscuridad fue bailando dentro de nuestras cabezas hasta que se convirtió en un trigueño paisaje. Campos de cereales crecían a nuestro al rededor, el sol anaranjado bañaba todo con su manto, pero lo más bonito de esa imagen era que volvíamos a estar juntos.
Nos abrazamos y nos sonreímos, era una pena que no pudiésemos hablar, pero siempre valía la pena el viaje. Cogí sus manos y jugué cariñosamente con sus finos dedos. Me sonrió, le respondí con otra sonrisa. Durante un tiempo nos miramos como quien se mira en un espejo.
El viento corría formando olas de trigo y cebada y me trajo el olor de su nuevo perfume, olor a ilusiones. Le guiñé un ojo y supo que había descubierto su inocente secreto.
¡Zas Zur Zascn! El paisaje se rompió como una fotografía agredida por unas malvadas tijeras. Volvíamos a estar separados, sin embargo aún podíamos sentir en nuestro cuerpo el calor y el perfume del otro.

Habría hecho todo,
pero tu nunca entendiste nada,
nada de nada.
La vida siempre tiene que seguir,
aunque mi corazon se parta
y no quede nada.
Por eso estoy tan cansada de las canciones de amor
siempre hablan de un final feliz,
bien sabemos que la vida nunca funciona asi.
Julieta Venegas

Posted by Esteban at 10:21

0 destello(s) de luciérnaga