miércoles, 31 de octubre de 2007



Aquel día de otoño, mi hermana y yo nos revolvíamos inquietas en los asientos posteriores del 127. Siempre que íbamos a ver a los abuelos a la aldea, nos poníamos contentísimas.
Al llegar a la finca, en cuanto nuestra madre nos abrió la puerta del coche, ya que sólo se abría desde fuera, salimos disparadas como balas a abrazar a la abuela que, como siempre, nos esperaba con los brazos abiertos.
- Siempre hueles como las flores abuelita- recuerdo que dijo inocentemente mi hermana Paloma.
- No huele como las flores porque si, es porque se echa esa agua que hay en el frasco violeta, que la he visto yo haciéndolo. ¿ A qué si abuelita?- expliqué muy orgullosa de saber cosas como esa.
- Rosa, deja que tu hermana descubra el mundo por ella sola, que si le cuentas todo tu, nunca tendrá sorpresas.
Poco después, nos fuimos a jugar con el gatito, aunque ahora ya estaba muy crecido para nombrarlo así, pero le seguíamos llamando así por costumbre. Lo encontramos medio adormecido en la bodega, de donde podía salir y entrar a sus anchas, por lo que solía estar allí o en el campo. Lo acariciamos suavemente. Queríamos tanto aquel gato. Recuerdo que mi hermana empezó a hablar con él como hacía siempre.
-¿Has visto muchos ratones?
El gato ronroneó.
- ¿De verdad? ¡Ay, cuantos ratones!- Contestó mi hermana con la cara llena de sorpresa.
- No puedes hablar con el gato ¡ Los gatos no hablan! - Le reproché yo.
- ¡Claro que puedo! Y yo no soy ninguna mentirosa - contestó enfurruñándose como hacía siempre.
- ¡Eso es lo que eres, una mentirosa!- chillé yo.
- ¡ Te odio!- Gritó, mientras se marchaba corriendo y con la cara empapada de la lágrimas.
La seguí hasta fuera de la bodega, para ver si iba a chivarse a nuestros padres; pero me calmó ver que fue corriendo hacia el deshojado nogal. Sin embargo, mi serenidad duró muy poco, porque acto seguido trepó por el nogal y empezó a subir cada vez más y más alto.
Corrí hasta el árbol preocupada.
- Paloma baja o se lo diré a mamá.
- No pienso bajar, voy a vivir en lo alto del árbol para siempre. Así estaré cerca de los pájaros y lejos de las niñas malas como tu.
- No quería insultarte, pero es que es muy raro que puedas hablar con los gatos. Pero ... ahora ya te creo, de verdad. Vamos baja.
- Está bien- Dijo llena de felicidad mientras que bajaba el pie derecho a una rama inferior.
Desgraciadamente esa rama estaba húmeda y su pequeño pie resbaló. El tiempo se puso a cámara lenta y contemplé impotente como mi querida Paloma caía, impactaba contra el suelo y su pequeña cabecita, llena de ilusiones, golpeaba contra una piedra saliente del terreno.
-¿Paloma estás bien?- Pregunté al cuerpo sin vida de mi hermana.
Al ver que no me contestaba, me tiré al suelo a abrazar su, aún caliente cuerpo, mientras que lloraba desconsolada.
- Vamos háblame, que te creo. Háblame, no seas mala. Háblame, que te quiero.
Pero jamás volví a escuchar su dulce voz en mis oídos.

Posted by Esteban at 16:44

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