miércoles, 10 de octubre de 2007


Las gotas caían lentamente, resbalando por las verdes hojas de los árboles, que rompían la luz en haces y estos, calentaban el húmedo suelo. El silencio acompañaba a la quietud, y volaba con las alas que le había robado al viento.
Y el viento, sin poder volar, corría a ras de suelo y creaba remolinos de hojas secas que bailaban libres, dando envidia a las que aun se mantenían unidas a sus ramas...
Los árboles hablaban en roncos murmullos, que se deslizaban en el aire alimentando a las libélulas que lo adornaban todo con sus destellos de vivos colores.

Y ahí estaba yo, rompiendo la armonía del paisaje. Poco a poco, me envolvió la paz y ella empezó a entrar en mi cuerpo en cada bocanada que respiraba, provocándome cosquillas en los pulmones.
Olvidándome de todo, me desnudé. Ahora sentía el sol en mi piel. Avancé, lleno de amor, amaba todo, amaba todo lo que me envolvía.
Ya formaba parte del mundo, corrientes de aire agitaban mi pelo y, mientras que casi levitaba en mi alegría, me movía por el bosque como un fantasma.
De mis ojos brotaron lágrimas,no por tristeza, ni por emoción; sino por comprensión. Acaricie con una mano la corteza de un árbol, de aquel árbol tan conocido para mi. Y las palabras se desbordaron por mi boca, llenas de verdad:
-Lo siento, perdóname, estaba a oscuras. Ojalá pudieras ver a dentro de mi.
Entonces, el aire corrió entre sus ramas y hasta mis oídos llegó un crujido como respuesta de que había entendido mis palabras.
Me acerqué a él y abracé su ancho tronco. Mientras que mis líquidas penas corrían ya por su corteza, mezclándose con las gotas del rocío, cerré los ojos y sonreí.

Posted by Esteban at 12:55

0 destello(s) de luciérnaga