jueves, 22 de noviembre de 2007

Aún con la persiana bajada, no dudé en silbar y llamar a mis hadas como tantas otras veces. Creerme, me dejé los pulmones en ello. Pero lo que cuenta es que al final respondieron a mi llamada.
No sé por dónde entraron, ni creo que lo vaya a saber nadie nunca, así que no vale la pena ni preguntárselo. Al fin y al cabo, no serían tan enigmáticas y fantásticas si pudiésemos comprender como hacen todas sus maravillas.
Jamás podré olvidar como bailaban por los aires a mi al rededor y eso que me molestaban con su estridente zumbido y me cegaban, durante casi cinco segundos, cada vez que una pasaba por delante de mi cara.
En el aire sentía como palabras flotando que me decían: No estés triste, no estés triste...
- No lo estaré más, os lo prometo- dije mientras cogía una corta, pero resistente soga y la ataba en la espiral de mi lámpara.
Esa luz de hada, que me bañaba la piel, era la felicidad, no se podría describir mejor con ninguna otra palabra. Sabía que las hadas pronto se marcharían y tenía que actuar rápido. Tenía que morir feliz.
Acerque la banqueta y me subí a ella con una gran sonrisa dibujada en mi rostro. Metí la cabeza por el óvalo que había hecho antes en la cuerda. La cuerda era aspera, pero sentir a las hadas volando a unos centímetros de mi alejaban cualquier sentimiento dañino de mi cabeza.
- Uno, dos , tres.. - conté en mi cabeza mientras que quitaba el pie izquierdo de la banqueta y casi al mismo tiempo el derecho.
Noté un súbito dolor en el cuello, vi a las hadas esforzándose en vano por mantener mi cuerpo en el aire y, todavía sonriendo, todo se volvió oscuro y me conquistó el frío.

Empezaba mi viaje en busca de mis sueños.

Puede que no sea aún muy tarde
para escribir esta canción,
no sé si podré,
yo sólo quería recordarte
que vivo en la misma calle en el número tres.
Pero es que la distancia entre los dos cambió
y ahora escucho lejos tu corazón.
Porque yo te sigo queriendo
y quiero estar a cada momento junto a ti
y en tus caricias, encontrar un poco más de vida.
Y yo te sigo queriendo, a pesar de que estoy muriendo,
dame más que tu recuerdo para no sentir que te estoy perdiendo.

Puede ser ya demasiado tarde para volverte a regalar
una sonrisa en la barra de aquel bar
y predecirte en voz bajita lo que el tiempo y sus caprichos depararán.
Es que la distancia entre los dos cambió
y ahora escucho lejos tu corazón...

Posted by Esteban at 14:37

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