lunes, 19 de noviembre de 2007


Nunca habéis deseado estar en una película? No, no me refiero a ser famoso, a salir en gigantescos anuncios, en el cine o en la televisión; ni si quiera me refiero a ser actor. Quiero deciros ¿ Nunca habéis soñado con no ser más que un personaje de un largometraje o bien de una novela?
Es cierto, sería frío que sólo sucediese lo que ha escrito el autor o guionista. Pero he de confesarlo, aunque quizá no me creáis, a veces he soñado con esa poca autodeterminación. De vez en cuando, amordazo a toda la realidad e intento creer que el autor me dejará ser feliz, que sólo esta moviendo sus hilos para añadirle emoción a mi historia y que, en realidad, me tiene preparado el milagro que necesito.
¿Por qué la esperanza es tan complicada de destruir?
Os contaré un secreto que poca gente conoce, cuando ella ve que ya no puede mantenerse por si misma, se fusiona con la locura y la parasita. Esto es lo que explica cuando te tocan la espalda, te giras, pero sólo ha sido tu imaginación. O como cuando sientes unas manos derrepente cubriéndote los ojos y una dulce voz preguntando justo detrás de ti: ¿ Quién soy? y el corazón bombea como nunca y la alegría grita en la cabeza ¡¿No puede ser?! Pero al segundo siguiente, se rompe el espejismo y uno se da cuenta de que esa penumbra ha sido un parpadeo, esas manos eran un flequillo y esa voz, tan sólo el viento que silbaba entre las desnudas ramas.

Con las desnudas ramas, acabo de recordar que ya estáis en el amarillo y marrón otoño. No, no me he equivocado, he dicho estáis. Sabéis, podrán caer todas las hojas de los árboles, podrá llover día si y día también, podrá hacer tanto frío que haga que me duelan los huesos; pero yo sigo viviendo en esta primavera. En el resto de las estaciones, para mi sólo hay muerte.
Cuando veis campos atestados de hojas, yo pienso únicamente cuanto blanco y que poco verde.
Aunque, claro, en el fondo sé que me estoy engañando y, en el fondo, me apuñala.

De verdad margaritas, nunca pensé que pudiera echaros tanto de menos, viejas amigas.

Los días que pasan
las luces del alba
mi alma, mi cuerpo, mi voz
no sirven de nada
¿Qué no daría yo,
por tener tu mirada,
por ser como siempre los dos
mientras todo cambia?
Porque yo sin ti no soy nada.
Sin ti no soy nada,
sin ti no soy nada.

Posted by Esteban at 14:56

1 destello(s) de luciérnaga